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En la ribera del Ebro

Habrá un día en que todos,
al levantar la vista,
veremos una tierra que ponga libertad

J.A. Labordeta 

Ebro,
¿cómo no nos presentaron antes?

En tu monólogo
de la ribera,
hemos atardecido juntos,
y tus aguas grises se funden
con las del pestilente afluente Huerva
a la altura del parque Bruil.
Éstas han aprendido a resistir
el desasosiego de la civilización canibal,
que destruye impunemente la naturaleza
que habita.

El paisaje
de edificios como cajas de cartón
queda a un lado,
y junto a tus aguas
yacen las junqueras,
donde
se abre un bosque
de encinares, pinos y álamos
en hilera.

Se ha detenido el tiempo
ante el vuelo
de un pájaro,
y el silencio susurra
lentas palabras
de afecto.

En el camino,
la piedra, el silex y
no hay más que soledad.

Zaragoza, en la ribera del Ebro,
donde los barrios hablan de fuentes,
y los relojes de arena
nos recuerdan que
hay fragmentos de esperanza,
al sur de la ciudad.

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